Es brasileño, se radicó en Argentina, trabajó como bachero y así se convirtió en un experto en vinos

Es brasileño, se radicó en Argentina, trabajó como bachero y así se convirtió en un experto en vinos
Alessandro Ribeiro nació en San Pablo y se radicó en el país hace más de una década, donde se desarrolló como sommelier profesional
Por Juan Diego Wasilevsky
20.07.2021 19.09hs Vinos & Bodegas

Son numerosos los atractivos de la Argentina. Pero sin dudas, el mundo del vino y toda la industria que se fue construyendo a su alrededor, con el Malbec como punta de lanza, es uno de los grandes imanes.

Pre pandemia, el enoturismo con epicentro en Mendoza llegó a atraer a más de medio millón de personas del exterior, que visitaron al menos una de las 245 bodegas habilitadas.

En paralelo, la gastronomía de Buenos Aires y su lazo con el vino, sin dudas, es otro de los imanes que ayudaron a hacer de la Argentina un país vitivinícola con proyección internacional.

Y este imán del que hablamos no solo atrae turistas: el vino también fue lo que atrajo a Alessandro Ribeiro desde su Brasil natal y lo que lo empujó a radicarse en la Argentina para dedicarse de lleno a esta industria.

Tras recibirse como sommelier en una de las escuelas nacionales más prestigiosas y ejercer el servicio en uno de los restaurantes con mayor cantidad de etiquetas de Buenos Aires, Alessandro hoy se dedica a la comercialización de vinos orgánicos. Pero su historia comenzó a escribirse del otro lado de la frontera, en San Pablo.

Alessandro Ribeiro se recibió como sommelier y trabajó en una de las "catedrales del vino" 

"Mis padres son descendientes de italianos y siempre tuve vocación de servicio: viví en un monasterio benedictino, como aspirante de la vida religiosa y la convivencia con los monjes me formó", explica Alessandro. 

Su primer acercamiento a la Argentina fue a comienzos de los años ’90: "Cuando junté plata por primera vez, vine a conocer Buenos Aires. En esa época justo inauguraban Galerías Pacífico. No podía creer la arquitectura de la ciudad, sus calles…".

Sin embargo, fue en 2008 cuando cambiaría su destino definitivamente: Alessandro trabajaba en una posada de Itaparica, en Bahía, y conoció a una pareja de argentinos. Estaban por inaugurar un proyecto turístico en Capilla del Señor y lo invitaron a trabajar con ellos, como encargado.

"La verdad que no fue una buena experiencia laboral pero logré salir pronto y pude arrancar en otro lugar", recuerda.

El destino lo llevó a Los Sauces, un asador criollo porteño, donde empezó como bachero y terminó como encargado. Tras esos cinco años de experiencia, a comienzos del 2014, fue nombrado jefe de salón en Aldo’s.

"El lugar es considerado uno de los ‘palacios del vino’, por la cantidad de etiquetas. A raíz de las acciones que teníamos, necesitaba capacitarme para poder seguir en el mercado laboral, así que estudié sommellerie en CAVE, con la meta de aprender lo más que pudiera", explica.

Y, justo en época, los sommeliers "Aldo Graziani (propietario del restaurante y wine bar) junto con Valeria Mortara, se preparaban para escribir la Guía del Vino Argentino, en su primera edición, y pude participar ayudando con algunos detalles".

Tras siete años en Aldo´s, Alessandro decidió hacer un cambio: "Dejé el servicio y hoy estoy como representante comercial en una distribuidora de vinos, Jarilla Wines, un proyecto nuevo con una selección de vinos orgánicos".

Alessandro visitó Buenos Aires por primera vez a comienzos de los '90 y se enamoró de la ciudad

"Al principio me costó"

Emigrar, dejar atrás una familia, un estilo de vida, puede ser un desafío. La cultura, el idioma, la idiosincrasia y hasta el clima, pueden convertirse en variables que hacen más lento ese proceso.

"La comida fue algo a lo que tardé en adaptarme. También el frío, al principio me costó mucho", reconoce Alessandro. Sin embargo, al estar en contacto cotidianamente con extranjeros, le facilitó el proceso de adaptación: "Eso fue clave", agrega.

¿Qué visión tenés de los vinos argentinos en general? Ante la pregunta de iProfesional, reflexiona unos segundos y cuenta: "El vino argentino para mí significa herencia, de todo lo que dejó parte de la inmigración, un poco de todo lo que esta compuesta la Argentina: la herencia francesa, italiana y española. Y a su vez, tiene un hilo con la gastronomía, el compartir". 

Respecto de la visión hacia adelante, Alessandro afirma que "hay una nueva generación de enólogos y agrónomos apasionados. No hay una mirada egoísta, cerrada, sino más abierta y muy necesaria. Hay conciencia de esta importancia. La vitivinicultura antes estaba muy cerrada en el mercado argentino y creo que un paso fundamental fue que el país se abrió al mundo y pudo integrarse".

"El mercado interno también ha cambiado mucho. Hoy en día, los jóvenes beben vino con una actitud completamente diferente. La gente busca descubrir cosas nuevas, tiene curiosidad, ya no es simplemente por tradición. A esto se suma la nueva generación de enólogos y de ingenieros agrónomos, con una visión clara y cualitativa", completa.

¿Y qué se puede destacar del vino brasileño y de su potencial, no muy conocido por los consumidores argentinos? Alessandro afirma que todavía "falta mucho para que Brasil se posicione como una región vitivinícola a nivel mundial. Brasil no es un país vitivinícola. El consumo per cápita es bajo".

"Por eso tenemos que saber escuchar, también aprender con la experiencia de nuestro vecino y no buscar resultados inmediatos, sino la construcción de algo mucho más profundo", reflexiona, para luego agregar que "Sierra Gaúcha (en el estado de Rio Grande do Sul, fronterizo con Argentina y Uruguay) tiene todo para elaborar unos espumosos de alta calidad, competitivos a nivel mundial. Pero, como decía, antes tenemos muchas cosechas por aprender".

De cara al futuro, asegura que está cómodo en Argentina (incluso, se casó en el país), si bien no descarta en un futuro volver a Brasil, aunque "no para vivir en San Pablo, sino en alguna parte de la costa de Bahía".

¿Y cuál es su misión como sommelier? "La comunicación", asegura. "Educar al público, para que beba de manera simple, sin complicar aún más el proceso. De esta manera, no estamos privando al consumidor de una experiencia".

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