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Paz para algunos, guerra para otros: los cinco mensajes entrelíneas en el discurso de Alberto sobre lo que vendrá en 2021

Paz para algunos, guerra para otros: los cinco mensajes entrelíneas en el discurso de Alberto sobre lo que vendrá en 2021
En su discurso ante el Congreso, el Presidente envió mensajes a públicos diversos. Algunos con tonos conciliador y otros que ya prevén conflictos
Por Fernando Gutiérrez
01.03.2021 17.30hs Política

Con un rating televisivo promedio de 11,9 puntos (ocho menos de lo que se había registrado el lunes anterior a la misma hora) y las redes sociales menos intensas que con otros temas, resulta difícil afirmar que el discurso del presidente Alberto Fernández en la apertura del año legislativo pueda transformarse en un hecho político de alto impacto en la campaña electoral.

Pero eso, claro, lo sabían todos de antemano, empezando por el propio Alberto, que preparó un discurso no pensado para un público masivo, sino para una serie de mini audiencias de protagonistas políticos y formadores de opinión pública.

Algunas de esas micro-audiencias eran tan pequeñas que estaban formadas por una única persona. Es el caso de Cristina Kirchner, que esperaba señales contundentes en el tema que más la desvela: el del enfrentamiento con la Corte Suprema de Justicia.

Otros de esos públicos son amplios, militantes y atentos a cualquier transgresión a las normas de la nueva "corrección política". Y fue por eso que el discurso leído por Alberto fue escrito con especial cuidado a la cuestión de género, lo cual lo llevó al extremo de decir "sujetos y sujetas", entre otras expresiones dudosas.

Un mensaje para cada público

Como cada uno de estos públicos específicos que escucharon al Presidente tiene sus propios intereses, temores y demandas, la apariencia general fue de un discurso contradictorio, en el que al mismo tiempo que se proclamaba un llamado a la unidad nacional se realizaron chicanas políticas y amenazas de denuncias judiciales.

Fue lo que le valió la inmediata respuesta de dirigentes opositores, por ejemplo en la improvisada conferencia de prensa de legisladores de la Unión Cívica Radical, que acusaron al mandatario de abusar de las acusaciones a la herencia del gobierno macrista para ocultar las falencias de la propia gestión.

O lo que llevó Eduardo Amadeo, dirigente del PRO, a calificar al discurso como "una pieza hipócrita" porque "propone la unidad a través del ataque y quedarse con la justicia.

Sin embargo, nadie puede afirmar que se haya sorprendido por el tono del discurso.

El Presidente venía de vivir semanas complicadas en las cuales no solamente recibía la crítica de la oposición sino también los cuestionamientos internos cada vez menos disimulados, y que no se limitan al "error" del vacunatorio VIP sino, sobre todo, a las dudas sobre si se podrá contener la inflación y cumplir la promesa de recuperación salarial.

De manera que había que contestar las "críticas injustas y malintencionadas" de la oposición, atender "la crítica bienintencionada" de los propios, ofrecer datos que les permitieran a los militantes propios responder las chicanas y, además, esbozar el plan para el 2021.

1. Para el peronismo: fue crisis, pero no fue ajuste

El hilo conductor que unificó todos los mensajes del Presidente fue la convicción de que lo peor ya pasó. Se valió para ello en un recordatorio sobre lo duro que la pandemia pegó en la salud y la economía de todo el mundo (aunque no dijo que los niveles de caída económica que sufrió Argentina superaron a la media de la región) y que ya se está en la senda de la recuperación de la actividad.

Con los números que le prepararon Matías Kulfas y Martín Guzmán, explicó que actividades como la industria y la construcción llevan varios meses consecutivos de recuperación, lo cual permite una mejora en la recaudación tributaria. Y destacó que la industria ya recuperó todo el empleo que había perdido por causa de la cuarentena.

Pero, sobre todo, cuando habló del efecto del coronavirus, se notó en el Presidente no solamente la intención de contestarle a quienes lo criticaban por la dureza de la cuarentena, sino a la propia tropa que se quejó de que las medidas de asistencia social habían sido insuficientes.

Fue por eso que repasó la creación de los planes como el IFE y el ATP, los incrementos en la ayuda a beneficiarios de la AUH y hasta se metió en terreno pantanoso al afirmar que los jubilados habían recibido protección especial por los bonos extraordinarios. Lo cierto es que el Estado tuvo un ahorro fiscal de $100.000 millones por no haber aplicado la fórmula de indexación del gobierno anterior.

Y, revelando la molestia respecto de acusaciones sobre que el Gobierno deberá incurrir en un ajuste que podrán pagar los trabajadores, destacó que gracias a la renegociación de la deuda con los acreedores privados, el país tendrá un ahorro de u$s34.800 millones.

"Si quieren buscar quién paga el costo del ajuste miren ahí", destacó el Presidente. Que, por otra parte, destacó que sin la asistencia estatal, habría dos millones más de argentinos en situación de pobreza.

Por otra parte, ratificó como un pilar de su política social el retraso tarifario, y por eso anunció el envío de un proyecto de ley de emergencia. Si bien admitió que el congelamiento -y por consiguiente el subsidio estatal- no puede ser para todos sino que tiene que priorizar a los más vulnerables, la conformación de ese nuevo esquema tarifario puede llevar meses.

2. Para los empresarios: si ayudan con los precios, no habrá conflicto

Con el mal arranque del año en materia de inflación, resultaba inevitable una referencia explícita sobre el tema. Y también ahí había que dar mensajes diferentes a públicos diversos; los empresarios, los dirigentes sindicales y la propia base de apoyo político.

Para dejar conformes a los más duros del núcleo K, que piden sanciones a los empresarios, recurrió a datos sobre multas para las empresas que habían incurrido en alguna conducta de desabastecimiento. Fue uno de los pasajes más aplaudidos por los legisladores oficialistas.

Pero, para los demás, el mensaje fue un llamado al entendimiento para que, en el marco del acuerdo por precios y salarios, se mantuviera la economía "tranquilizada". Reconoció que la inflación es "la principal evidencia de nuestras ineficiencias", lo cual dejó un resquicio para reconocer la responsabilidad estatal en el tema. Y prometió un "abordaje integral" al tema, en línea con las recientes frases de Guzmán que prometía moderación en la emisión monetaria para los provocar turbulencia en el dólar y los precios.

Y ahí hasta coló su mensaje para el campo y los productores de alimentos, temerosos de una mayor intervención. Para Alberto, el esquema de retenciones a las exportaciones tiene una lógica: se premia a quien agrega valor por la vía de industrializar la materia prima.

3. Para los gobernadores: va a haber reparto para todos

Tuvieron también su guiño presidencial los gobernadores aliados y las empresas que invierten en economías regionales y en la explotación de recursos naturales.

La crítica al país "opulento del centro" en el cual queda un norte empobrecido y una Patagonia olvidada implicó la promesa entrelíneas de una fuerte ayuda presupuestaria para la concreción de obras públicas -mencionó unas 2.000 en ejecución-, así como de facilidades fiscales para la inversión.

Hubo menciones a cuestiones específicas de interés de los gobernadores, como el apoyo al transporte ferroviario o el nuevo régimen de la hidrovía del Paraná, que otorgará a las provincias litoraleñas un poder de "peaje" sobre el intenso tránsito de comercio marítimo en ese curso fluvial.

Pero, también, tuvo su contenido político, porque fue una frase que se ligó a la polémica sobre la cuota de coparticipación de impuestos que recibe la Ciudad de Buenos Aires y que la hace gozar de una "opulencia" frente a zonas degradadas del país, que requieren mayores recursos.

Al lado del Presidente, Cristina sonrió aprobatoriamente ante este pasaje del discurso presidencial.

4. Para la militancia enojada: la vacuna fue un error, la deuda fue un delito

Pero si algo preocupaba particularmente al Presidente era calmar cierto malestar notorio entre la propia base de apoyo electoral. Fue algo que se reflejó en encuestas tras el escándalo de las vacunas, pero que en realidad venía gestándose desde hacía meses, con críticas a cierta "blandura" de Alberto.

Fue por eso que el Presidente decidió dar mensajes contundentes: al hacer mención al episodio que le costó el cargo a Ginés González García, quiso dar un mensaje de inflexibilidad en cuanto a la transparencia en la gestión.

Alberto Fernández intentó dar por superado el incidente de las vacunas, al calificarlo como
Alberto Fernández intentó dar por superado el incidente de las vacunas, al calificarlo como "un error"

Pero se cuidó bien en cuanto a calificar esa conducta como "un error" y no como un acto de corrupción. En contraposición, dijo que quienes machacaban en este tema obedecían a "intereses inconfesables" y recordó los cuestionamientos iniciales a la seguridad de la vacuna rusa.

El discurso del mandatario tuvo, como uno de sus cometidos principales, revertir todas las eventuales acusaciones de corrupción -ya sea la de la anterior gestión de Cristina como la actual de la coalición peronista- hacia los opositores de la gestión macrista. Y por eso equiparó el tema del endeudamiento con los conceptos de "administración fraudulenta" y "malversación de fondos".

Fue allí cuando anunció que el Estado sería querellante contra los funcionarios que habían firmado el último acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Lo cual, en principio, afecta a Federico Sturzenegger y a Nicolás Dujovne, que firmaron los acuerdos, pero eventualmente también a Mauricio Macri, que como presidente tenía la responsabilidad política máxima por la política económica.

Curiosamente, un tipo de argumentación jurídica que asigna la posibilidad de criminalizar una decisión de política económica, algo que la propia Cristina siempre cuestionó cuando ella sufrió el mismo tipo de acusación por la causa del "dólar futuro".

5. Para Cristina: la pelea judicial sigue en pie

Lo cierto es que uno  de los momentos más potentes del discurso presidencial pareció hecho a pedido de la propia ex mandataria, que está preocupada por su situación judicial y se ha quejado en público sobre los funcionarios que tienen miedo de enfrentarse a los "poderes concentrados".

El contraataque al macrismo por malversación de fondos ocurrió en un momento singular, justo cuando Lázaro Báez, el contratista más beneficiado por la obra pública K, acaba de recibir una condena judicial por lavado de dinero presuntamente proveniente de dineros estatales.

Alberto ratificó su convicción en cuanto a que la justicia necesita una reforma, pero esta vez fue más lejos en su argumentación política. Recordó la contradicción entre el hecho de que haya "un fiscal procesado por extorsión que sigue en funciones" mientras que hay políticos en situación de prisión preventiva (Julio de Vido, por ejemplo) bajo el argumento de que su "poder residual" podía interferir en la investigación.

La ex presidente Cristina Kirchner recibió el mensaje que esperaba en cuanto al cuestionamiento al funcionamiento de la justicia
La ex presidente Cristina Kirchner recibió el mensaje que esperaba en cuanto al cuestionamiento al funcionamiento de la justicia

También mencionó beneficios al ex presidente Macri y el famoso "per saltum" de la Corte Suprema para pronunciarse sobre el traslado de dos jueces. Y recordó que los ministros de la Corte seguían siendo privilegiados que no pagaban Ganancias .

Tras criticar las deficiencias del funcionamiento judicial, desde "los amparos que duran años" hasta las "prisiones preventivas innecesarias", habló sobre una "judicialización de la política y una politización de la justicia".

En definitiva, no usó el término "lawfare" -el presferido por Cristina Kirchner- pero se plegó al concepto. Y en ese contexto fue que pidió al Congreso que ejerciera su derecho a un "control cruzado" con el poder judicial. Además, prometió avanzar con la reforma al proceso de selección de los jueces.

Y hasta envió un mensaje a Sergio Massa al recordarle la reforma con media sanción del Senado y pendiente de aprobación en Diputados

Los opositores no se anduvieron con indirectas a la hora de interpretar estos anuncios. Por ejemplo, la diputada Mariana Zuvic dijo: "Enojado por la condena de 12 años al testaferro de su Vicepresidente, el Presidente anuncia desde el Poder Legislativo que va por el Poder Judicial".

En definitiva, un discurso que le dijo a cada uno lo que quería escuchar: a la "propia tropa", que no afloje el esfuerzo militante en el año electoral; a Cristina, que no la abandonaría en su pelea contra el poder judicial; a los empresarios, que no cometería excesos intervencionistas en la medida en que ayudaran a la contención de precios.

Y, al público en general, que lo peor ya pasó. Y que lo que todavía sigue mal, es achacable a la herencia del gobierno anterior.

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