Naomi Osaka, Simone Biles y la salud mental: cuando los líderes también tienen derecho a "no estar bien"

Naomi Osaka, Simone Biles y la salud mental: cuando los líderes también tienen derecho a "no estar bien"
Hasta al mismo Lionel Messi lo puede afectar el estrés de ser número uno. ¿Pueden los líderes ocuparse de su salud mental? ¿Y cómo vuelven luego al equipo?
Por Paula Krizanovic
29.07.2021 06.31hs Management

Ser el "mejor del mundo" en algo no te hace invencible ni inmortal. Pero claro, cuando se acumulan los premios, los logros, las medallas, y toda la gente a tu alrededor te recuerda constantemente que "sos un crack" y te mira como a un superhéroe, no es extraño que en algún momento comiences a creer que lo sos.

Esa adoración tiene, como todo, un costado negativo: genera una presión que los líderes en el deporte, en los negocios o el arte no siempre pueden manejar.

"No es nuevo el tema de la presión por lograr resultados extraordinarios en el mundo del deporte, lo empresarial, las finanzas y las disciplinas artísticas también", coincide Daniel Colombo, master coach especializado en CEO, autor y conferencista internacional. "El exceso de presión del entorno de deportistas o celebridades los lleva a perder ciertas nociones de la realidad, por cuanto viven constantemente situaciones atípicas respecto a una vida promedio. El simple hecho de no poder salir a la calle sin verse expuestos es algo sumamente agresivo para la mayoría. Son pocos los que logran mantener el equilibrio a pesar del prestigio, fama y alto rendimiento", continuó.

Los Juegos Olímpicos 2020 que por la pandemia de COVID-19 se desarrollan en este momento en Tokio nos recordaron la humanidad de esos deportistas al verlos salir de las canchas en silla de ruedas y abandonar su sueño por un golpe de calor, como le ocurrió a la española Paula Badosa.

"Parecíamos The Walking Dead", dijo el tenista argentino Diego Schwartzman al haber caído ante el ruso Karen Khachanov en tres sets jugados bajo el sol del mediodía en Japón. "Puedo morir de calor. ¿Si muero, te harías responsable?", le respondió el ruso Daniil Medvedev un rato antes al juez de silla que le consultaba si podía continuar un partido en el que había pedido asistencia médica.

Y nada de todo esto nos sorprende porque estamos acostumbrados a que los deportistas se lesionen, se rompan, se lastimen, se curen, se arreglen, y vuelvan a las canchas. En el plano físico todo esto es "business as usual", mientras que en el mental o emocional la vara sobre ellos es otra. Así como todo el mundo es DT, todos los espectadores del deporte son psiquiatras con derecho a juzgar y diagnosticar al otro, a veces en vivo en la TV.

Bien lo sabe el capitán de la campeona Selección argentina. El mismo Lionel Messi solía tener vómitos en medio de los partidos del Mundial de la FIFA y llegó a decir "se terminó para mí la Selección". Pero años después volvió a ponerse la banda en un pandémico campeonato regional en Brasil. Era otro Messi, que se divertía más, que se enojaba, que protagonizaba todas las publicidades de los entretiempos, que cantaba el himno, y que en un momento de agonía mental hasta le pidió la hora al referí para que terminara el partido que lo consagró (por fin) campeón de América. Y como era de esperarse, rompió en llanto.

La Selección argentina liderada por Lionel Messi festejó tras ganar la Copa América
La Selección argentina liderada por Lionel Messi festejó tras ganar la Copa América

Ese llanto del campeón que vimos una y otra vez porque la de triunfar en equipo es una emoción permitida, y porque el desahogo de Messi es el de todo un país que vive el fútbol y el deporte como un desafío colectivo patriótico cuando tiene pocos logros en otros planos para festejar. ¿Pero qué pasa cuando ese peso de una Nación entera parece reposar sobre un par de hombros?

En el deporte el talento y también la suerte juegan un papel clave, pero también la madurez para lidiar con todo lo que implica ser "el crack". Messi pudo, se sacó esta cuenta pendiente de encima, y el peso que pagó solo él lo sabe.

Lo que está cambiando en esta época en la que la salud física y mental tomaron de la mano del COVID-19 una relevancia mayor, es que los "cracks" están empezando a decir también "no puedo" públicamente. Y mucha gente los acompaña porque en definitiva, están diciendo lo mismo que nos puede pasar a todos.

La excelsa gimnasta norteamericana, Simone Biles, pudo haberle dicho al mundo que su lesión en el tobillo ocurrida en plena competencia olímpica esta semana era lo que le impedía seguir compitiendo también a nivel personal en estos Juegos. Pero se aclaró que parte de la decisión se debía a un estado de estrés de la atleta. "Tengo que enfocarme en mi salud mental y no jugar con mi salud y mi bienestar. Es muy feo cuando estás peleando con tu cabeza", le dijo a los medios tras anunciar que Tokio se había terminado para ella.

Simone Biles, gimnasta norteamericana, se bajó de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
Simone Biles, gimnasta norteamericana, se bajó de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Admitir en el trabajo y a tu equipo que no estás bien y necesitás un tiempo es una situación por la que no pasan solo los atletas profesionales. "El tema de la presión es todo un tema en cualquier ámbito. Es como el estrés: una dosis motoriza, en exceso paraliza y daña", dice al respecto Miguel Cortina, socio fundador de la consultora AL Grupo Humano.

En los ámbitos laborales, hasta hace relativamente poco, se pensaba que cuanto más te ‘apretaban’ más ibas a dar, como si se estuviera exprimiendo una naranja. Hoy sabemos que no es así y cada líder, cada coach, debe adecuarse y estar al servicio de acompañar a cada uno en el camino del mejor rendimiento", añadió el líder de la consultora de Recursos Humanos. En estos casos, el tema es saber parar a tiempo.

Derecho a no estar bien

Antes de Messi campeón y de que Biles abandonara su sueño olímpico en Tokio, estuvo otra "crack" con muchísimo coraje que se animó no solo a abandonar el torneo de Roland Garros en mayo, sino a aclarar con todas las letras que la decisión era por su salud mental.

Naomi Osaka es la primera tenista japonesa en ganar un grand slam, la primera asiática al tope del ranking femenino y segunda mejor del mundo en este momento. Ante los ojos del exigente público, es la estrella más brillante de las canchas de tenis desde Serena Williams, la que todos quieren vencer, la que todos admiran, la que el mundo entero esperaba que gane, hasta que comenzó a perder.

Sintió que tenía que no participar de las conferencias de prensa tras los partidos para cuidar su salud mental, y cuando la organización del torneo francés no se lo permitió, no dudó un segundo y renunció.

Para Daniel Colombo, la presión de los entrenadores, las propias familias (de las que muchas veces la persona destacada es el principal sustento), los representantes, intermediarios, abogados, sponsors, pueden llevar a una "deshumanización" a esas celebridades: "Esta sobreadaptación produce una normalización de cosas que no deberían serlo, como por ejemplo, rendimiento récord en muy poco tiempo, esfuerzo ilimitado para hacer cosas que la celebridad odia (por ejemplo, dar entrevistas o conferencias de prensa)".

En esos casos, recomienda el experto, "es conveniente que las personas reciban la debida contención, cualquiera que sea el ámbito de desempeño. Psicólogos, psiquiatras, coaches profesionales con mucha experiencia y caminos de descubrimiento y autoconocimiento, como el yoga, mindfulness y tantos otros, contribuyen a un equilibrio entre el ser público y el ser privado."

Por otra parte, no es un acto menor el de la tenista al hablar públicamente de este tema que permanece en el imaginario rodeado de prejuicios. "Cuando hablamos de salud mental se asocia casi inmediatamente a locura, a una ‘falla’ que no tiene que ver con el ‘estoy’ sino con el ‘soy’ y allí las empresas no deben nunca permitir que los colaboradores queden etiquetados con semejantes sambenito", dijo Cortina.

"Un aspecto a tener en cuenta es la estigmatización cuando alguien ha pasado por un problema de salud mental. Aún en las culturas más avanzadas queda esta 'cicatriz' en la persona y en el entorno. De la buena convivencia, la colaboración, comprensión, el hablar y cooperar, dependerá esa re-integración del líder para poder seguir adelante en forma eficaz", coincidió Colombo.

Meses después de Roland Garros, la revista Time puso a Osaka en tapa con el título (en inglés) "Está bien no estar bien". Ella contó en primera persona que la experiencia la llevó a aprender dos lecciones: que no se puede contentar a todo el mundo, y todos sufren de algún problema de salud mental o conocen a alguien a quien le pasa.

"Quizás deberíamos darle a los atletas el derecho de tomar un recreo mental del escrutinio de la prensa en una ocasión sin ser sujetos a sanciones. En otras líneas de trabajo serías perdonado por tomar un día personal aquí o allá, siempre que no sea lo habitual. No tendrías que divulgar tus síntomas personales a tu empleador", reclamó Osaka desde las páginas de la revista.

¿Pero pueden los líderes tomarse un día por salud mental y luego volver como si nada a sus equipos? ¿Es menos "crack" cuando vuelve?¿Pierde legitimidad en su rol?

Así como muchos líderes siguen viendo mal que las personas cuiden de su salud mental, pongan límites de horarios o cantidad de horas en una jornada de trabajo, también ellos están bajo el escrutinio de pares y subordinados que limita sus posibilidades.

"He conocido casos muy bien tratados, en los que el líder pudo descansar, desconectar y volver, y otros en los que la persona fue desvinculada apenas tuvo el alta", confesó Cortina a este medio.

Evitar estas situaciones es un camino de dos carriles para el experto de AL Grupo Humano: "Nosotros como personas debemos asumirnos con nuestras vulnerabilidades y ser capaces de pedir ayuda antes de explotar. Las organizaciones deben asumirnos en nuestra compleja condición humana y apoyarnos, antes que nada con el coaching a los líderes para que sepan y quieran manejar la situación, establecer equipos de salud encabezados por médicos que canalicen las ayudas necesarias".

Colombo asegura que los empleados ya se toman días por salud mental. "Conozco diariamente casos del síndrome de Burnout (del quemado), cuando la persona ha llegado a un extremo de estrés sostenido en el tiempo, que se queda tildada, pierde el estímulo vital y el entusiasmo, además de un agotamiento extremo permanente. Esto es más frecuente de lo que se piensa, y generalmente trae como añadidura en algunas personas la tendencia al consumo de psicofármacos, alcohol y otro tipo de drogas", afirmó.

En ese marco, "quien lidera siempre está expuesto a fuertes presiones de distintos lados; lo importante es tener un anclaje y un espacio de contención afectiva y emocional que le permita lograr un balance. Además, saber poner límites, decir que no, ser amable y firme a la vez cuando se siente que se sobrepasan lo que puede tolerar," continuó. Cuando se sobrepasan esos límites, dijo que es recomendable el distanciamiento, una licencia o condiciones especiales, para recuperarse, junto con la intervención del profesional de la salud mental. Luego de eso, para el master coach de CEO es posible pensar en el regreso del líder "a las canchas", pero necesita ser paulatino y con una red de apoyo en la que pueda confiar.

Se puede volver

Naomi Osaka volvió a jugar al tenis para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
Naomi Osaka volvió a jugar al tenis para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

"Por años, las organizaciones han tratado de uniformar el empleado ideal, moldearlo. Cada empresa da permisos distintos y todos tomamos o no esos permisos, o incluso forzamos los límites. El tema de la salud mental es uno de los temas más difíciles de abordar", reconoce Cortina.

Pero la pandemia puso de manifiesto la importancia de cuidar la salud mental de los trabajadores y equipos, que se vio literalmente degradada durante la contingencia sanitaria. Las compañías tomaron acciones para favorecer el bienestar, y algunas vienen desde hace tiempo incluyendo días por salud mental en las licencias que ofrecen.

"Esta toma de consciencia sobre la salud mental es muy apropiada y viene como consecuencia de una época de revaloración del sentido de la vida, el propósito y lo genuino en cada persona. Aquí lo vemos manifestado en figuras de renombre mundial con carreras excepcionales. Lo mismo sucede en el mundo corporativo, donde por primera vez en esta era se pone sobre la mesa el aspecto emocional de los colaboradores y su salud mental", reflexionó Colombo, y recomendó en este nuevo contexto que es "estratégico trabajar las habilidades blandas y la inteligencia emocional."

El camino para hablar de salud mental en el trabajo o en el del deporte puede estar más allanado hoy que antes, lo que no le resta mérito a los actos públicos de Osaka y Biles. La valentía de mujeres como ellas reside en que no ocultan los verdaderos motivos de lo que les ocurre, y luego además, vuelven a la cancha o se quedan allí junto al equipo luchando por una medalla.

¿Cómo lo hacen? "No lo pienso demasiado, sino me pongo nerviosa", contó Osaka una vez más a Times. Pero no es un acto menor tener el coraje de volver y "seguir siendo" número uno. Esto indica que no es un episodio ni anormal ni vergonzoso el tener que decir "paro porque no puedo".

Tras retirarse en Roland Garros, Osaka no pudo más que volver envuelta en gloria para los Juegos Olímpicos que se desarrollaban en su país. Tuvo el honor además de encender la antorcha olímpica. Pese a todo, llegó como favorita para quedarse con la medalla de oro, aunque esta vez no se hizo cargo de las expectativas de los demás.

Dijo estar tomando su regreso un día a la vez, consistente con su discurso de mayo al retirarse del torneo. Al ser eliminada en Tokio y quedarse sin medalla, una vez más fue muy sincera: "Esta derrota sin duda duele un poco más que el resto. Siento que hubo mucha presión sobre mi después de todo lo ocurrido, y porque los Juegos Olímpicos se juegan en Tokio".

No se oculta nada ni se revela lo que es no necesario. La japonesa no hace más que mostrar que el ocuparse de la propia salud mental es tan normal que le pasa también a esos que consideramos los mejores.

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