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Mirando la fiesta de afuera: hay boom de bonos a tasa negativa mientras Argentina "reperfila"

Mirando la fiesta de afuera: hay boom de bonos a tasa negativa mientras Argentina "reperfila"
La tendencia no se limita a las naciones líderes sino que también alcanza países que hasta hace poco eran considerados "parias" del mercado, como Grecia
Por Ruben Ramallo
13.11.2019 11.02hs Finanzas

Mientras los bonos argentinos enfrentan una clara tendencia vendedora, al tiempo que se encaminan de forma irremediable a un proceso de redefinición de sus plazos y condiciones de pago, los mercados de deuda globales se ven beneficiados por una situación diametralmente opuesta.

En el caso de los países emergentes, la mejor manera de graficar las diferencias es el índice de riesgo país que elabora JP Morgan, que compara los rendimientos de los títulos de cada uno de ellos con el bono del Tesoro de Estados Unidos.

En tal sentido, el rendimiento de los bonos argentinos, que ronda los 2.300 puntos básicos (p.b.) es diez veces mayor que el de los brasileños (231 p.b.), que a su vez son los más altos de la región, pues le siguen en orden de importancia México (192 p.b.), Colombia (176 p.b.), Uruguay (166 p.b.) y finalmente Perú, con solo 101 puntos básicos.

Ante estos niveles, países como Brasil o Uruguay decidieron salir a los mercados para obtener financiamiento que les permitan cumplir con sus compromisos. En el primer caso, se trata de un lanzamiento de emisión de deuda en dos tramos con un bono denominado en dólares a 30 años y la reapertura del título al 2029.

Adicionalmente, el gobierno brasileño recomprará una serie de títulos emitidos en los mercados externos con distintos vencimientos y tasas más altas.

La tasa de interés para el primero de ellos se estima en los 270 p.b., en tanto que para el segundo bajaría hasta los 200 p.b.,tomando como referencia el bono del Tesoro de Estados Unidos.

Uruguay, en tanto, anunció recientemente el lanzamiento de dos series con vencimiento en 2031, con un rendimiento de 247 p.b. y otro al 2055, que pagará 20 puntos básicos más.

Estos niveles son incluso inferiores a los de varios países europeos, como por ejemplo Egipto, que cotiza a 494 p.b., Ucrania (460 p.b.) o Turquía (443 p.b.).

Un mundo de tasas negativas

Pero también existe "otro mundo", el de los países desarrollados, donde increíblemente ganan cada vez más terreno aquellos bonos que tienen rendimiento negativo. Sí, aunque parezca irreal, son cada vez más los inversores que se vuelcan a este tipo de colocaciones, aunque saben que si los mantienen hasta su vencimiento terminarán perdiendo parte de su capital.

Así, por ejemplo, con las actuales curvas de rendimiento alemanas y suizas, quien compre un bono a 30 años de 100 euros, terminará cobrando 97 euros si los mantiene hasta su vencimiento.

De hecho, en la actualidad se negocian unos u$s16 trillones en bonos de estas características, que aglutinan casi el 30% de todos los activos de renta fija calificados como "investment grade".

La pregunta obvia sobre esta opción es por qué los compran. La respuesta es que existen varias razones por las cuales los inversores lo hacen en cantidades crecientes, que en breve síntesis son:

  1. La expectativa de que el precio del mismo siga en ascenso y que la tasa sea aun más negativa. Es decir que, en caso de concretarse esa posibilidad, se vería beneficiado por la suba de las cotizaciones, si es que su opinión resulta correcta.
    Según Gabriel Holand, CEO de HR Global, "el aliciente de comprar deuda con rentabilidad negativa es la expectativa de que al menos aumenten de precio y, de esa manera, hacer una ganancia de capital".

  2. La diversificación de carteras también favorece este tipo de inversión, pues está demostrado que cuando las acciones caen, los precios de los bonos suben. Y viceversa.

  3. También existen numerosos planes de pensiones y fondos de inversión que por sus estatutos solo pueden invertir en acciones o deuda con calificación crediticia AAA y otros que compran exclusivamente letras a corto plazo de países europeos, por poner algunos ejemplos.

    "Esto significa que necesariamente tienen que comprar títulos que cumplan esos criterios, más allá de la rentabilidad que ofrezcan. Por otro lado, existen fondos de inversión que por exigencias contractuales, deben invertir parte del dinero de sus clientes en bonos de corto plazo sin poder acceder a otros activos financieros. Es por ello que caen de forma  irremediable en este tipo de activos", agrega el número uno de HR Global.

  4. Son una buena opción ante un escenario de deflación, debido a que sus cupones fijos y pagos principales, conservan su valor y tienden a generar un rendimiento real positivo si la inflación cae por debajo de su rendimiento. En otras palabras, un bono de rendimiento negativo puede generar un rendimiento real positivo si hay deflación.

  5. Son una opción ante la posibilidad de que algunos bancos europeos comiencen a cobrar comisiones por depósitos de alto rango, como es el caso del UBS que ya lo anunció o mantener los fondos en efectivo y evitar perder dinero, lo cual podría ser poco práctico como para ser una opción real.

  6. Utilizarlos como activo refugio. Hay momentos en los que las turbulencias de los mercados provocan que los inversores busquen seguridad en determinados activos, sin importarles que coticen con rentabilidad negativa. Incluso descartan la posibilidad de dejar los fondos en cuentas a la vista ante el riesgo de que un banco caiga o se apliquen restricciones al retiro de fondos.

¿Por qué se llegó a esta situación de ofrecer bonos a tasa negativa? Básicamente, por las políticas monetarias de los principales bancos centrales del mundo, que provocaron la abrupta caída de las rentabilidades de la deuda. A lo largo de 2019, este movimiento generó numerosos problemas a los inversores más conservadores.

La denominada gestión en la renta fija se vio ensombrecida con la expansión de las rentabilidades negativas, ya que lo que en un principio se limitaba a plazos cortos y a deuda pública de países como Alemania o Suiza, en la actualidad se extendió a los bonos de las empresas y a vencimientos que, en el caso de la deuda de gobiernos, llegan a superar los 15 años.

Los más perjudicados son los fondos de dinero o money market y los que invierten en deuda pública a corto plazo, ya que ven cómo su universo de actuación se reduce considerablemente. Aunque las caídas de las rentabilidades se traducen en aumentos del precio y, por lo tanto, en ganancias, la tasa negativa que tienen que pagar por dejar el dinero en títulos de estas características acaban reduciendo y, en muchos casos, anulando los retornos.

Mirá quién coloca deuda

Pero lo más llamativo es que su colocación no se limita a los países AAA, sino que también incluye a algunos que en un pasado no muy lejano eran mal considerados por el mercado.

Tal es el caso de Italia, cuyos títulos tienen un rendimiento en la actualidad del -0,23 por ciento. Y ni que hablar de lo que sucede con Grecia, que en 2018 puso fin a ocho años de rescate y ahora tampoco puede escapar de las tasas negativas, ya que a principios de octubre colocó deuda a tres meses al -0,02%.

En España, el importe de deuda con signo negativo ronda los 760.000 millones de euros, de los cuales las dos terceras partes corresponden a bonos gubernamentales. Puntualmente, las rentabilidades negativas de la deuda española se extienden hasta los títulos con vencimiento en 2025 que cotizan en el -0,07%, lo cual marca un alargamiento de la tendencia pues en agosto, cuando el bono a diez años bajó al 0,03%, los rendimientos por debajo de cero se extendían a la deuda a nueve años.

En otros países como Alemania los rendimientos negativos van más allá ya que hasta la deuda con vencimiento en 2039 cotizaba con tasas por debajo del 0%, en concreto en el -0,07%, frente al -0,37% de los títulos a 10 años.

Para el economista Luis Palma Cané, "los bonos a tasa negativa -cuyos mayores representantes son los alemanes y japoneses a 10 años - no hacen otra cosa que reflejar las más que excesivas  políticas monetarias de estímulo seguidas por los países desarrollados para aventar el riesgo de que la actual desaceleración global se convierta en una recesión del tipo de las de los años 2008/2009".

En su opinión, "ya no es aconsejable seguir bajando las tasas para volverlas aun más negativas, dado que, si este fuera el caso, se correría el gran peligro de estar generando una salida de la rentas fija, precisamente por las tasas negativas y su desplazamiento a renta variable. Si esto, como creo, fuera así, entonces una clásica burbuja financiera estaría a la vuelta de la esquina".

Por su parte, el analista Agustín Cramo considera que "si los inversores se guiaran por los dichos de Donald Trump es poco explicable por qué no invierten en un bono americano a tasa positiva".

"Trump dice que la economía de Estados Unidos va bien y por lo tanto que la FED debería seguir con su política de bajas de  la tasa de interés, impulsando un mayor fortalecimiento del dólar. Pero está claro que no le creen, por la forma en que sube del déficit fiscal y la manera en que viene evolucionando el dólar frente a las monedas globales", enfatiza Cramo.

Tal como explica el analista, "en el caso particular de los bonos a tasa negativa, si los inversores prefieren pagar por ahorrar que invertir en el bono americano que hoy da rendimiento positivo, es que prevén que finalmente el dólar terminará debilitándose". Y agrega que "lo que sí es claro es que las tasas negativas a nivel global no son algo bueno".

En todo caso, lo cierto es que los gobiernos intentan sacarle provecho a una nueva fiesta de crédito barato. Y, para Argentina, que está fuera de la posibilidad de acceder a ese mercado, la mayor aspiración sería la de una reestructuración rápida, confiando en que para los fondos que buscan mayores retornos los títulos "reperfilados" vuelvan a ser una opción atractiva.

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